Si mi abuela viera esto...
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Teruel Existe!!

lunes, junio 23

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Un fin de semana que pa´ qué.

Este post me ha quedado un poco larguito, así que si tienes que hacer un pis o cortarte las venas, hazlo ahora, luego no me interrumpas :-)


El sábado empieza mal, tras el desayuno y el aseo matutino, al ir a ponerme las gafas, uno de los cristales decide liberarse de la opresión de la montura y salta al vacío. Se estrella contra el suelo y se rompe en unos 137 pedazos (aproximadamente). Llamo a mi óptica y me dice que ese tipo de cristal no lo tienen en stock, que tienen que pedirlo y lo tendré el lunes o el martes. Así que tendré que ir a la reunión de antiguos alumnos con mis gafas viejas, grandes, horribles y estropeadísimas. Bueno, al menos me darán ese aire retro adecuado al ambiente de una reunión de antiguos alumnos.
Porque este fin de semana es la reunión de antiguos alumnos de la Laboral de Cheste. Me como una barrita dietética, salgo pitando y a las 4:30 estoy en mi antiguo colegio.

Padre, madre, niño, niña, perro, gato, pez y flor.(*) Esta parece ser la composición típica de la familia de mis excompañeros de clase. No como yo, con mi familia unipersonal.
Yo estuve interno en Cheste de 1975 a 1978, y luego a media pensión de 1980 a 1982. Desde 1982 no había vuelto a entrar en el recinto del colegio, ni a ver a la mayoría de mis compañeros. Y desde 1978 no había visto a ninguno de los compañeros que estuvieron conmigo en el internado. Así que a pesar de que de mi promoción no hemos ido muchos, el encuentro es emotivo. Nos contamos cientos de cosas, nuestra vida en estos 25 años, etc. También me encuentro con mi director de internado y con uno de mis profesores de Química. Todo está yendo bien. Pero como mis compañeros ya llevan un día allí decido dar una vuelta por el colegio, yo solo y con el sol cayendo a cachos. Los recuerdos se acumulan, la sensación es extraña, todo sigue siendo lo mismo pero todo ha cambiado. Los arbolitos que plantábamos en el "día del árbol" son ahora enormes pinos que forman un bosquecillo en los alrededores del colegio. El hormigón de los lugares donde pasé mi adolescencia sigue estando allí, pero ya no tiene alma, ya no están allí los compañeros con los que se llenaba ese hormigón. Porque ese rincón ya no es el mismo si no está José Luis fumando su primer cigarro. Ese otro ya no es el mismo rincón si no está León dándole patadas al balón contra la pared durante horas. Y así todos los rincones. Todos tenían una historia, todos eran importantes porque en ellos había alguien haciendo algo. Incluso aquél en el que un Fernando adolescente leyó por primera vez libros como "La fundación" de Asimov y comenzó a soñar con un futuro. Pero aquel Fernando no reconocería al de ahora, porque ese futuro que soñaba era muy distinto a este presente que tiene. Comienzo a sentirme fatal. Compro un par de libros que se han editado sobre las Universidades Laborales ("Yo estuve en Cheste" y "El día que volvimos a la Universidad Laboral"). Cojo mi coche, doy una vuelta, hago unas fotos y salgo de allí. No tenía que haber ido. Me voy a Valencia a casa de mis padres.

De lazarillo. A mi padre le han operado de cataratas, y como aún no le han graduado, no se atreve a conducir. Tiene que ir a por unas fotos que ha llevado a revelar, así que me ofrezco a acompañarle y servirle de chófer y de lazarillo. Damos una vuelta por el mercado de Colón, que lo han dejado precioso por fuera y corteinglesizado por dentro. Vamos al VIPS, mientras yo rebusco entre los libros, él va a por las fotos y quedamos en la cafetería. Yo compro el catálogo de Photoespaña 03, un librito de fotos de Gabriel Cualladó y un manual de CSS a ver si de una vez modernizo mi página :-). Me reuno con mi padre en la cafetería. Las relaciones con mi padre no son todo lo fluidas que deberían, supongo que somos demasiado parecidos. El caso es que no consigo recordar cuándo fué la última vez que estuve a solas con mi padre en una cafetería tomando algo. Ha envejecido sin avisarme, y sin que yo me diera cuenta, de tanto tiempo que llevo fuera de casa y teniendo esta relación fría con él. Ceno en casa, mi madre decide luchar contra mi fuerza de voluntad para seguir la dieta y hace croquetas. Gana ella.

Por la noche, no dejo de darle vueltas a los acontecimientos de la tarde, recuerdos, buenos propósitos para el futuro, etc.

Domingo por la mañana, Rita (Barberá) se ha vuelto a dejar la calefacción de Valencia encendida y a las 10 de la mañana estamos a casi 30ºC. Decido dar una vuelta por esta ciudad que tantos recuerdos me trae (algunos incluso buenos). Pero mi coche decide no arrancar. No hay talleres, del seguro me mandan una grúa y me lo arrancan con las pinzas. Doy unas vueltas para cargar la batería. Bueno, todo ha sido un susto. Me voy al IVAM. En el centro de la beneficencia veo una exposición pequeña pero muy bien montada sobre Atapuerca y una de fotos de los Beatles. Compro la edición de bolsillo de "Planeta humá" (hay edición en castellano). También entro en una exposición de Hannsjörg Voth, un tío que se dedica a hacer grandes instalaciones en el desierto sólo por el placer de diseñarlas y contemplarlas. Las fotografías son magníficas.
De allí a la FNAC, más libros :Harry Potter and the order of the Phoenix (para mi sobrino, pero me lo leeré :-) ), La falsa medida del hombre (S.J. Gould), y la edición de bolsillo de La reina del sur. Parecería que el fin de semana se va arreglando, libros, un cafecito.... Pero no, mi mala estrella se convierte en supernova y me encuentro a mi ex. Intento que crea que desde que me dejó he sido feliz, pero sólo consigo creer que se lo cree. Me voy a casa de un humor de perros.

Pruebo el coche, no arranca. Es domingo por la tarde y no hay ni un taller abierto, así que decido volverme a casa con el coche de mi padre y dejar el mío para que lo arreglen. La semana que viene adiós a mis planes de ir a Madrid a ver alguna exposición de PhotoEspaña (La de Catalá Roca por ejemplo).Tendré que volver a Valencia a recoger mi coche y devolverle a mi padre el suyo

En fin, un fin de semana para olvidar, si me hubiera quedado en mi sofá, incluso leyendo algo de Marian Keyes, me habría ido mejor. Menos mal que ahora me queda por delante un montón de lectura y el dulce trabajo del olvido.

(*) Es un verso de la canción "Las torres rojas" de La Marabunta

[Escuchando: El sendero luminoso (me persigue sin reposo), del álbum "21 exitos sin fecha de caducidad" de Un pingüino en mi ascensor]

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