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miércoles, agosto 6
# Umbilical-234
Hoy voy a hablar de una carretera. Si, qué pasa, todo el mundo habla de las ciudades y los pueblos, que si yo fuí feliz en Alicante, que si ¡Ay, chica!, es tan romántico París, que si Bollullos del Condado es tann tann encantador a su manera, etc. Pues bien, yo he sido feliz en la Nacional-234 (Sagunto a Burgos por Calatayud decían las antiguas guías, cuando las carreteras tenían nombre), que puede ser tan romántica como París y, desde luego, tann tann encantadora a su manera como Bollullos del Condado.
Alegría infantil, en los viajes a la playa, de niños, a casa de mi tia Marta en Valencia. Entreteníamos el viaje jugando al veo veo Llorando ante lo desconocido, en el primer viaje al internado, en aquel autobús panzudo, 17 de septiembre de 1975, esas fechas que se quedan marcadas... Emocionado, en la vuelta a casa desde el internado al final de cada trimestre, con la perspectiva de unas vacaciones con los míos. Cantando, en las vueltas al internado tras las vacaciones, pensando en un nuevo trimestre con los amigos. Con melancolía no disimulada en aquel viaje el día del pilar de 1980, cuando nos fuimos a vivir a Valencia toda la familia. Otra fecha marcada a fuego. Riendo de desesperación, cuando estrenamos el descapotable de Ana para descubrir, bajo una inesperada tormenta de verano, que a uno de cada tropecientos Mercedes les falla la capota automática, y que a ella le habían vendido precisamente ese. Llorando, para asistir al entierro de mi abuela, cuya muerte me pilló trabajando en Alicante en un día con el que Celtas Cortos había empezado una canción 9 años antes. Deseando, en la época en que salí con aquella chica del pueblo y los fines de semana pasaban volando en la cama de mi infancia. Disimulado, en las citas clandestinas con Cristina a mitad de camino, Albarracín como escenario de la pasión escondida. Adormilado, en las vueltas a casa tras las fiestas de Teruel oliendo a ponche de vino y a desmadres no disfrazados. En bicicleta, en la infancia, cuando salíamos a los pueblos cercanos simplemente por salir (y por robar manzanas, ya de paso). En el 1500, ejerciendo el privilegio de ser el pequeño de la casa, viajando en el asiento delantero entre papá y mamá para envidia de mis hermanos. En viajes interminables de tantas paradas, oyendo a Jorge Negrete afinando en el caset y desafinando en la voz de mi padre. El mismo 1500 que se pararía para siempre en esa carretera, a la vuelta de las vacaciones (otros le llamaron luto) por la muerte de aquel dictador de mi infancia. En autobús en los viajes al colegio, cantando, ya lo he dicho, esas canciones picantes que nos hacían sentir mayores. En el doscaballos, con el que cada kilómetro eran 1200 metros de traqueteo.. En camión, con el padre de un amigo que me hizo ayudarle a cargar. "Para espabilarte", decía el espabilao de él. Con los distintos coches de empresa, cuando trabajaba para otros y creía que la vida me iba a sonreir siempre. Ahora, con mi viejo Volvo, cuando se que a veces la sonrisa de la vida está llena de sarcasmo, pero he decidido reirme con ella. Así es la Nacional-234, como un cordón umbilical que enlazara mi vida en una guirnalda de recuerdos. Desde aquella carretera estrecha y llena de curvas de los primeros viajes a finales de los 60 hasta hoy, cuando ya no atraviesa apenas pueblos y algunos tramos ya son autovía. Y entre cada capa de nuevo asfalto, una capa de mi vida. [Escuchando: Tu me sobrevuelas, del álbum "Rebuznos de Amor" de Los Burros] Fernando para Si mi abuela viera esto..
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