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sábado, agosto 30
Aniversario
Hoy hace cuatro años era 30 de agosto de 1.999. Si, ya se que no os descubro nada nuevo, pero es sólo para situar la historia. Hace unos días hablaba de fechas marcadas a fuego en mi vida, y esta es otra de ellas. Porque ese día comencé yo mi vida aquí en este pueblo de Teruel. Dejaba atrás mi vida en Valencia. Mi bonito duplex junto al parque central ("Ya van a comenzarlo", me dijo el vendedor, enero de 1993, refiriendose a un parque que todavía no exsite). Soleado y luminoso, lo cual en Valencia no siempre es una bendición. Once años de trabajo en distintas multinacionales médico-farmacéuticas. Años de viajes, de conocer mejor algunos hoteles que mi propia casa. De madrugones para coger el primer avión a MAD/BCN/PMI/LHR/GVA, siempre el primer avión, había que ganar tiempo, aunque fuera para perderlo luego en el atasco de entrada a la ciudad, a cualquier ciudad. De paseos y horas perdidas por las terminales de aeropuertos de toda clase, de coches de empresa que mejoraban con cada ascenso y miles de kilómetros. Vendiendo esperanzas de vida en forma de marcadores tumorales, la sombra del destino envasada como contraste radiológico, vendiendo incluso el deseo en forma de prótesis de mama e implantes faciales. Años, también, en los que ver como la chica con la que convivía buscaba alguien que pudiera abrazarla todas las noches, y lo encontró. Y se casó con él. Una risotada del destino, porque ahora podría abrazarla todas las noches, y también los días, y sin embargo ahora es ella (otra ella) la que no está aquí para llenar mis días y acortar mis noches. El 30 de Agosto de 1.999 firmé el traspaso que me daba la libertad de trabajar para mi mismo en lo que siempre había querido, y la esclavitud de atarme a un negocio propio. Cuatro años después aquí estoy, con la sensación de haber superado un nuevo nivel en este juego de la vida. Cuatro años después aún me preguntan si no echo de menos aquella vida. La respuesta es no, o al menos no muy a menudo. [Escuchando: Sabana, Sabana, del álbum "Corazón loco" de Negros, S. A.] lo ha escrito Fernando a las 10:09 AM
viernes, agosto 29
Fasciculos coleccionables
Y es que ya no saben qué inventar, cada año se superan con las colecciones de fascículos. [Escuchando: Esta tierra no tiene corazón, del álbum "Mr. Hambre" de Juan Perro] lo ha escrito Fernando a las 1:40 PM Las cinco del viernes
lo ha escrito Fernando a las 12:46 PM
miércoles, agosto 27
Tiempo de cosecha
Estos son los cinco primeros higos de mi cosecha este año (joer, Fenando, vaya foto mala que te ha salido), que si no se apedrea, se agrieta del agua o se la comen los pajaros será abundante y, habréis de confiar en mi palabra, dulcísimos. Si, aunque parezca mentira, los higos no crecen en cajas ni en bolsas de malla. Sigue habiendo algo mágico en comer la fruta recién cogida del árbol, algo que nos une a la tierra y a la vida. Algo especial en coger cada día las 5 o 6 frutas que han madurado durante el día anterior y se han refrescado en la noche y que servirán de postre para ese día. Una de las cosas que más me llamaron la atención cuando salí de la ciudad para volver a vivir en un pueblo es que se tiene conciencia de las estaciones (sobre todo si son tan extremas como aquí en el Teruel profundo, claro). Y también de las temporadas de cada fruta, etc. Si, claro que en las ciudades también puede uno darse cuenta, pero en ese "puede" está la diferencia. En una ciudad uno puede pasar el año sin darse cuenta de en qué estación está o, incluso, siguiendo el calendario particular y absurdo de elcortinglés donde la primavera sigue inmediatamente a la navidad, esa que empieza a finales de septiembre justo después de la vuelta al cole que les amargó el verano a los crios. En una ciudad puede uno vivir sin apenas fijarse en qué estación está, con ese paraiso de temperaturas corregidas con calefacciones y aires acondicionados, ese mundo de oficinas con temperarturas invertidas, 25 grados en invierno y sus 18 en verano. Aquí no, aquí se encuentra uno las estaciones a la puerta de casa en forma de árboles en flor, o cuajados de fruta, o cubiertos de hielo, o con las hojas doradas y caedizas. [Escuchando: Ratones coloraos (rap), del álbum "Diario de un peatón" de Joaquín Sabina] lo ha escrito Fernando a las 9:38 AM
martes, agosto 26
2010, los soviéticos y los ochenta otra vez
Ayer vi "2010 : Odisea dos", la película no está mal si te olvidas que es una secuela de "2001: Una odisea espacial". Recuerdo haber leído el libro, como buen aficionado a la ciencia ficción, pero no lo he encontrado en mi biblioteca para comprobar cuanto se ajusta el guión al texto original. Posiblemente me lo prestaran o se haya perdido en alguna mudanza. Lo que me llama la atención es lo rancio que suena ahora todo el tema del enfrentamiento USA-URSS. Han pasado sólo 14 años desde el derrumbamiento del bloque del este y casi no nos acordamos de aquella época y sobre todo de aquella épica de la guerra fría, de aquella amenaza permanente, de aquellas pelis de rusos mu malos mu malos y americanos mu buenos mu buenos. En mi generación éramos muchos los que creíamos que tras el telón de acero se estaba cuajando la utopía, y fué todo un choque cuando se derrumbó el muro y detrás de él sólo apareció miseria. Más tarde he tenido oportunidad de conocer a bastantes personas de más o menos mi edad que se criaron al otro lado del muro (en Lituania, en Polonia, en Yugoslavia, en Bulgaria). Está claro que la muestra no es representativa, pero siempre me ha parecido que son el fruto de un experimento social macabro, de una prueba fallida en la que ellos fueron los conejillos de indias. Ellos fueron educados en un sistema muy cerrado, pero que les daba un futuro más o menos estable, y cuando tenían alrededor de 22 o 23 años y estaban empezando a ocupar el puesto que el estado les había reservado, de repente les cambian las reglas del juego y el que más chifle capador, hay que empezar de nuevo. Estaban en desventaja frente a los mayores que ya habían ocupado sus puestos en la sociedad y que en su mayoría los conservaron. Pero también se encontraban en desventaja frente a los más jóvenes, a los cuales aún les dió tiempo de adaptar su educación a los nuevos tiempos.Charlando con alguna de estas personas, siempre me ha quedado la sensación de que les habían robado el futuro, y que ahora les estaban negando el pasado. Y para todos aquellos nostálgicos de los ochenta (entre los que a veces me incluyo), que no dejen de recordar que eso también eran los ochenta, la guerra fría, la Tatcher, Reagan, etc, etc. [Escuchando: La balada de Benito Carrizosa, del álbum "21 exitos sin fecha de caducidad" de Un pinguino en mi ascensor] lo ha escrito Fernando a las 10:14 AM
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